Heilpraktiker Institut® | Web de Servicios
Revista Investigación Medicina Verde Tienda Publicaciones Consultorio Registro
 
 
 
Selección de Artículos de Terapeuta®
 Microdosis: La Alternativa "Mágica".
 ¿Qué es el Cáncer (I)?
 Cuba combate el cáncer de 70.000 enfermos con veneno de escorpión azul
 El miedo y los remedios naturales
 Spigelia o Pinkroot
 La mujer en la medicina tradicional popular vasca
 Actividad antiasmática de las cebollas
 Homeopatía y Fitoterapia: normativa actual
 El dolor en Berberis
 Un paso crucial en medicina: de Alcmeón a Hipócrates
 Transformar la sociedad mediante el Naturismo
 Obstáculos en la reacción del remedio homeopático
 En busca de las huellas de Hahnemann
 Cardiopatías psicosomáticas: ¿Enfermedades del corazón?
 Un viaje por las tierras y la medicina de Hildegard
 ¿Está indicado el masaje en personas con cáncer?
 
 Visite la sección "investigación", encontrará más artículos especializados
 
Colaboradores
Gloria Lizette Novoa
Rosemarie Zimmermann
Adolfo Ballesta
Alicia Mill
Adolfo Ballesta
María José Suquilvide Aguirre
HI
Editorial
Dr. Bernardo Vijnovsky
Dr. José Luis Martín García-Alós
-
Jordi Rius
Dr. Francisco W. Lázaro
Albert Dansa©. Masajista.
 
(*) Los artículos ofrecidos en esta sección son el resultado de la opinión y experiencia personal de sus autores. HI tan sólo se limita a reproducirlas
inicio | revista "Terapeuta" online
 
TERAPEUTA
 
Medicina popular
 

La mujer en la medicina tradicional popular vasca

La medicina científica y la popular han tenido, a lo largo de historia, unos protagonista bien diferenciados, desde el punto de vista sexual. Mientras que la científica u oficial ha sido ejercida siempre por hombres (y sólo en este siglo las mujeres han empezado a incorporarse a la profesión), en la medicina popular, con características comunes en toda Europa, la mujer ha tenido un papel fundamental hasta el punto de llegar a monopolizar determinados ámbitos. Por ejemplo, las comadronas, que han tenido el monopolio de la asistencia al parto hasta hace pocos años.

 
 

MEDICINA DOMÉSTICA

Un primer ámbito de asistencia, por parte de la mujer, ante todo tipo de afecciones, es la que proporciona la etxekoandre, la madre o la abuela en el propio hogar. Actualmente, se trata de cuadros leves, pero en la vida tradicional incluían todo tipo de patologías, incluso graves, para las que, en los casos en que era posible, además se requería la presencia de un profesional.

En todos los casos era la mujer la que atendía las afecciones de los hijos y del resto de la familia, disponiendo de un arsenal propio para estos fines. La manzanilla o el té eran recogidos en el monte por grupos de mujeres y niños, que aprovechaban para pasar una tarde de campo. El ramillete de San Juan era recolectado seleccionando los distintos tipos de plantas que lo componen, y tras la fiesta se conservaba durante todo el año; la vela bendecida de la Candelaria, el agua bendita de Semana Santa o la rama de laurel, tras su bendición el Domingo de Resurrección, eran conservados y administrados por la mujer, según las necesidades familiares.

El aprovechamiento médico de partes o derivados de los animales domésticos, como el huevo recién puesto o el bazo del cerdo nada más ser sacrificado (que son entregados a los niños de la casa para que los consuman en fresco) eran tareas que correspondían a la mujer. Por supuesto, el cultivo y el empleo de plantas medicinales como la verbena, la malva, el sauco o la hiedra, también eran tarea exclusiva de la mujer; así como el uso alternativo de alimentos o condimentos como el ajo, el limón, la miel o el aceite. De este modo, una parte importante del arsenal terapéutico de la medicina popular vasca se compone de alimentos que reciben un doble uso.

Este amplio conocimiento permitía a la mujer enfrentarse, en muchos casos con éxito, a las afecciones más frecuentes, y era transmitido de generación en generación, como parte de la herencia familiar. Una segunda vía de propagación de estos saberes ha sido el trasmitir las experiencias de unas mujeres a otras. El tema de la salud y los remedios terapéuticos sigue siendo uno de los temas de conversación más frecuentes, sobretodo entre las mujeres de edad, que se cuentan sus “males familiares” con los remedios, sean populares o científicos, que han encontrado para combatirlos.

CURANDERAS

Estaban especializadas en tratar cuadros de “mal de ojo”, “mal de madre”, rabia o lesiones de la piel. Por norma general el sexo del profesional no condicionaba el tipo de tratamiento, con algunas excepciones muy concretas. Para poner algún ejemplo, la elaboración de emplastos, pócimas y ungüentos ha sido labor exclusiva de mujeres, mientras que los algebristas populares, los “componedores de huesos” han sido siempre hombres. En todos los casos, se consideran portadores de una sabiduría especial que les permite curar.

La tradición sostenía que el séptimo varón de un matrimonio que sólo hubiera tenidos hijos, tenía su poder contra la rabia y otras enfermedades. En este caso, el niño nacía con una marca en forma de cruz que permitía identificarlo. También, según la fecha de nacimiento se otorgaban poderes especiales. Por ejemplo, haber nacido el día de San Juan o Reyes de 1900. Aquí entra en juego una creencia antigua y vinculada con el mundo de la brujería: la creencia en la existencia de seres diminutos, llamados mamarru, mozorro o galtzagorri (en castellano, familiares o trasgos), que se guardaban en pequeños canutos o alfileteros, por lo que las mujeres que los poseían eran llamadas orrostoki o alfileteras. Había tres categorías de mujeres a las que el pueblo atribuía la posesión de estos: las brujas, las adivinas y las curanderas. Sus poderes eran atribuidos a estos minúsculos seres mágicos, que obedecían a sus órdenes. Estas mujeres, antes de morir, debían trasmitir sus poderes y sus duendecillos a otra mujer. De esta manera, algunas agonías interminables de mujeres tachadas de brujas se atribuían popularmente a que ninguna otra mujer quería recibir su orrostoki. En algunas localidades de Vizkaia se cree que aún en las primeras décadas de este siglo, al caer gravemente enfermas lo entregaban a sacerdotes que se deshacían de él quemándolo o arrojándolo en alta mar, con el fin de destruir su contenido.

BRUJERÍA

Los trasgos entran en el mundo de las brujas, dándoles la capacidad de desplazarse a cualquier lugar, de transformarse en animales o de ocasionar cualquier tipo de daño a personas y animales. La actividad de la brujería difícilmente se ha diferenciado, en los últimos años, del curanderismo o de la adivinación. En realidad, la brujería ha sido, en sus orígenes, una forma de religión, que convivió con el cristianismo en Europa a lo largo de todo el primer milenio. A partir del siglo XIII fue tachada por la iglesia como herejía, iniciándose una sangrienta persecución que duró hasta el siglo XVII. A partir de esta fecha quedó como un conjunto de creencias y prácticas supersticiosas marginales de la sociedad.

Uno de los vestigios más significativos que ha dejado la brujería ha sido el manejo de un gran número de plantas medicinales por parte de algunas mujeres que han heredado insignificantes restos del saber de la brujería; se trata de el uso y la elaboración de determinadas pócimas, ungüentos y emplastos. Un ejemplo de ungüento, cuyo efecto no me ha sido revelado, se elabora en un caserío del monte Sollube con: sebo de riñón de vaca, manteca de cerdo, resina, cera virgen, aceite y una planta medicinal llamada osa bedarra. Mucho más complejas y peligrosas son las fórmulas de ungüentos y pócimas para “volar” los akelarres. Todas ellas contienen en su composición plantas de la familia de las solanáceas, definidas por Dioscórides como “el grupo de plantas más peligroso de la historia de Europa, ya que hicieron volar a las brujas y juntarse con el demonio, para acabar finalmente en la hoguera. Los conocimientos de esta mujeres sobre las propiedades de estas plantas medicinales y su forma de manipulación son sorprendentes.”

Las brujas conocían el beleño negro (Hyoscyamus niger L.), el estramonio (Datura stramonium L.), la belladona (Atropa belladona L.) y la mandrágora (Mandragora autumnalis Bertoloni). Todas contienen una serie de productos químicos (atropina, hioscinamina, etc.) que provocan alucinaciones de un realismo extraordinario, que las brujas, sometidas a juicio, confesaban reales y daban por cierto sus vuelos por el espacio y sus coitos con el demonio.

PARTERAS POPULARES

Otra parte importante de la participación de la mujer está entorno a todo lo que gira alrededor de la fertilidad, el embarazo, el nacimiento, etc. La esterilidad ha sido achacada tradicionalmente a la mujer, por lo tanto, los ritos de fertilidad (como humedecer los genitales con agua de determinados lugares, frotar el vientre, sentarse encima o rodearse de algunas piedras señaladas, acudir a santuarios a rezar...) han sido realizados sólo por las mujeres, cuando deseaban quedar en estado.

La asistencia al parto (comadronas), la postura que se debe tomar, la preparación previa, laos ritos asociados, los cuidados de los pechos, la colocación de amuletos al niño y a la madre, las ceremonias específicas... han sido un ámbito exclusivo de la mujer.

LA PROPIA MUJER COMO ELEMENTO TERAPÉUTICO

Entre los fluidos orgánicos, la saliva de la mujer ha sido ampliamente utilizada como revulsivo contra el “mal de ojo”, sobretodo a la saliva en ayunas se le ha atribuido un poder curativo muy elevado habiendo sido empleada para tratar diferentes lesiones de la piel.

También la menstruación va asociada en numerosas culturas a muchos tabús. Durante aquellos tiempos, las mujeres se veían limitadas en gran medida debido a las prohibiciones que la vida tradicional les imponía: no podían bañarse ni lavarse, ni hacer ejercicios físicos, ni bailar, ni preparar determinados alimentos, ni tocar latas de conserva, ni ningún tipo de planta... Se creía, incluso, que durante el período menstrual tenían especial propensión para torcerse el tobillo. El propio flujo menstrual ha recibido un uso terapéutico popular. Se consideraba como el mejor remedio contra las verrugas.

Por otro lado, la orina de la mujer ha tenido su papel. Se ha considerado como favorecedora de la suerte en determinadas actividades laborales, como la pesca. Así, en una localidad costera de Vizcaia se creía que una embarcación en la que hubiera orinado una mujer tendría buena pesca, y lo mismo en cuanto a las redes de pescar.

A parte de los fluidos corporales, había otras creencias. Por ejemplo, se sostenía que las viudas recientes poseían un poder terapéutico, en la Baja Navarra. De este modo, cuando alguien padecía una grave enfermedad, la viuda encendía tres velas en su habitación, a cada una de ellas se le daba el nombre de una iglesia o parroquia cercana, y rezaba cada vez que se consumía cada vela. También, para tratar el orzuelo, se aplicaba nueve veces el anillo de una viuda.

María José Suquilvide Aguirre

 
inicio | contacta | revista virtual | investigación | medicina verde | tienda | publicaciones | consultorio | registro
información legal | política de privacidad | mapa web
©2007 Heilpraktiker Institut, SL •  Paseo de Gracia, 59 2º - 08007 Barcelona 
 
  desarrollo web abity.com