Òscar Colom forma parte del movimiento activo naturista, es miembro de grupos vecinales y también culturales y sociales de distintas naturaleza. En el pasado, participó activamente en política. Y a nivel empresarial, ha ido de trabajador asalariado a empresario, participado en distintos niveles de relación de empresa (de la cooperativa al negocio particular). Es decir, ha ejercido un gran abanico de actividades que siempre ha llevado a cabo a partir de una idea global basada en el naturismo, intentando transmitir (como incidencia correctiva), con seguridad y constancia, esta concepción de la vida.
Practicar el naturismo y ser vegetariano no son sólo su opción de vida, sino que ha llevado estos conceptos de una forma expansiva para transmitir sus beneficios a la sociedad.
Efectivamente, no he dedicado mi vida a seguir únicamente mi propia trayectoria, sino más bien he tenido un exceso de interés por la humanidad y la naturaleza, considerándome a mi mismo una pieza de este engranaje.
Mi vínculo con el naturismo nace del ambiente familiar. Mi padre, desde joven era ya naturista y vegetariano. Así, que crecí practicando lo que representa el sistema de vida naturista. Nací como vegetariano, coincidiendo con un conjunto de ideas que yo entiendo como un sistema de higiene y alimentación, basado siempre en el concepto de racionalidad. Ser vegetariano y la razón deben de ir siempre de la mano, si se practica solamente por motivos meramente familiares se puede caer en los mismos errores que conllevan los sistemas convencionales de alimentación. Es decir, razonar lo que es saludable y lo que es perjudicial para la vida del ser humano es imprescindible. Así entiendo yo ser vegetariano y naturista, dos conceptos que a su vez presentan diferencias. El primero es mucho más concreto y parcial, mientras que el naturismo ve la vida en su sentido más amplio, de forma global. Ser vegetariano, la medicina natural y otras ramas semejantes convergen en el naturismo, el sistema de vida global.
Personalmente me formo en este ambiente, y llega un punto en que yo mismo, tras mis propios razonamientos y dando categorías de valor a determinados aspectos de la vida, me defino como vegetariano y naturista, entre otras muchas cosas. Fruto de mi pensamiento crítico, cuestiono muchas cosas: algunas las acepté, otras fueron rehusadas, perfeccionadas o incorporadas. De este modo, establecí mi forma de vida naturista. El naturismo es un comportamiento delante de la vida, que permite un determinado desarrollo como individuo y como parte de la sociedad. He tomado actitudes activas, que tienden a incidir en la sociedad, pues no puedo entender el ser humano sin su parte social. Continuamente, aportamos y recibimos, por bien o por mal, en nuestra sociedad. Por esto he tomado parte en proyectos sociales y políticos en distintos niveles. Pienso que mi actitud como vegetariano es una contribución social, inclusivo en la sociedad incompatible con esta forma de pensar, pues el resultado global de la sociedad está en esta interrelación. Así, como individuo naturista, no voy a sentirme realizado hasta que no se realice la sociedad y viceversa. Creo que cada individuo tiene suficiente peso como para incidir en ella. La satisfacción individual sólo se puede conseguir mediante la realización social global.
¿Cómo se aplican los ítems del naturismo en aspectos de la vida social tales como la política o la economía?
Todo individuo tiene una idiosincrasia particular, es decir, aquello que configura toda su estructura de pensamiento, de ser y de actuación. En el momento en que creemos que podemos incidir en la sociedad aunque sólo sea mediante una relación de comportamiento individual, en mi caso como naturista, se debe llevar a cabo, pues la sociedad es la suma de todos los individuos. Así, los naturistas somos una aportación, aportamos por el simple hecho de ser como tales. A parte, si tenemos un marco de interrelación, establecemos un continuo flujo de ideas en las dos direcciones. Y si además se realizan actividades que trascienden por si mismas, sean de tipo colectivos sociales, ofreciendo determinados puestos de trabajo en la idea naturista, o desde un punto de vista empresarial o comercial, se puede aportar ideología naturista en la sociedad. El ser vegetariano puede ser un acto individual o colectivo, esto depende de la decisión de cada persona que lo practica.
Personalmente, pretendo transmitirlo en cada actividad de mi vida diaria, pues me considero ser social, y estoy convencido del papel necesario de expansión social, pues forma parte de nuestra naturaleza. El naturista debe poner en práctica sus ideas en todos sus ámbitos personales y sociales, debe incidir en todos sus contextos. Y el naturista debe basar su pensamiento en una visión global de la naturaleza, buscando el equilibrio con ella, con ideas que hoy en día se identifican con el pensamiento ecológico y medioambientalista, desde el punto de vista progresista y de cambio. No se puede sacar del contexto de cosas tales como la economía, pues es una disciplina que incide en todo globalmente: ecología, medio ambiente, naturaleza o ecosistema. De este modo, y especialmente en el campo de la economía, aporto mi pensamiento crítico como naturista en relación a todas las ideas que se mueven en este ámbito. Si puedo aportar algo nuevo o corregir determinados aspectos lo hago, aunque a veces el marco de incidencia sea relativamente pequeño.
¿Qué puede aportar el naturismo en la economía?
Desde el punto naturista, lo que se considera deseable para el presente y el futuro del humano sólo se puede conseguir mediante una actitud de equilibrio y bondad frente a todos los seres vivos y la naturaleza en general (animales, vegetales e incluso minerales). El mundo tiene límites en sus dimensiones, y nuestra vida depende de esta “bola” frágil y sólida. Evidentemente, somos conscientes de que somos un producto de la evolución natural y que formamos parte de un conjunto de estructuras naturales, biológicas y fisico-químicas, es decir, dependemos de un juego de equilibrios. El equilibrio más deseable es aquel que se parece más al natural, pues todo lo convencional en general es cuestionable. En todo caso, se pueden introducir modificaciones o cambios a muy largo plazo, pues todo lo que acelere rápidamente cuestiona la vida del ser humano y la propia naturaleza. Por lo tanto, se debe partir de estos principios para discernir lo aconsejable y lo desaconsejable.
Si analizamos como se mueve este concepto, se ve claramente que depende de órdenes de tipo económico, que tratan de administrar y gestionar los recursos de la naturaleza, repartiéndolos de forma que todo quede en equilibrio, siempre teniendo en cuenta que el beneficio del vecino es también el nuestro, pues dependemos de él del mismo modo que él depende de nosotros. Esta es la finalidad de la economía como ciencia y como disciplina práctica. En este sentido, en determinadas ocasiones algunos individuos deban sacrificarse en beneficio de otros, porque el beneficio será luego para ellos también, es decir, el beneficio viene y va. Este flujo de intercambio e interrelaciones condiciona el saber dosificar nuestras necesidades, renunciando a cosas que en un principio supondrían un beneficio inmediato, para que representen un beneficio más deseable. Así sostenemos el equilibrio general global.
De esta manera, la economía no puede sostenerse a base de la ley del beneficio máximo y óptimo, desde un punto de vista parcial de la sociedad. A partir de aquí, puede empezarse a dibujar lo que se entiende como “economía sostenible”, aún hoy con ciertas limitaciones. La economía sostenible debe tener una visión muy generosa y global. No puede caer en ideas socialistas en el sentido de que el individuo vaya perdiendo peso a favor de la sociedad hasta renunciar a valores indispensables a nivel individual. Es decir, lo individual y lo colectivo deben guardar un equilibrio. Ni el individuo debe ser víctima de la sociedad ni ésta debe sacrificarse por él. Tiene que haber una renunciar y una aportación mutua por los lados.
Se debe establecer una jerarquía de las piezas fundamentales de la economía. En principio se debe hablar de producción. Así, la economía sólo puede entenderse a partir del momento en que el ser humano abandona el primitivismo ancestral, cuando empieza a racionalizar las cosas y a administrar a partir del corto, medio y largo plazo. La economía como tal nace con el intercambio. En este momento, en que el individuo tiene una capacidad de producir a nivel elemental (como andar unos kilómetros para conseguir una manzana), el ser humano empieza a actuar con mentalidad económica, pues intercambia esfuerzos propios para conseguir unos beneficios (por ejemplo, cansarse andando para hallar alimentación). Si, además, hay ya una organización de varios individuos para beneficiarse mutuamente, para juntar fuerzas, o la creación de máquinas o utensilios para aumentar la producción, nos encontramos ya en un nivel de evolución productiva más avanzada.
A partir de la producción tecnológica de hoy en día, la energía que requiere esta maquinaria, el reparto de esfuerzos para que funcione... se define un modelo u otro de economía. Un modelo sería la economía depredadora, consumista y destructiva de la naturaleza. El otro, una economía sostenible, que es la que como naturistas y ecologistas defendemos.
¿Concretamente, en qué consistiría esta economía sostenible?
Una economía sostenible quiere decir, que tenga en cuenta a corto y largo plazo la conservación de recursos para permitir la vida en la tierra. Sólo en casos extremos, donde entre en juego la vida del ser, podamos hacer uso de estos recursos, como todo ser de la naturaleza que delante del peligro de su subsistencia aplica medidas extremas. En la naturaleza siempre predomina la ley del más fuerte, y nuestro papel es aplicarle el máximo de racionalidad para que al final todo prospere en las mejores condiciones. Lo que está claro es que, en última instancia, esta ley se convierte en un imperativo de la vida.
En el marco de la empresa, podemos hablar de modelos de empresa, de las relaciones sociales dentro de la vida de la empresa, porque determina la cualidad de vida de los individuos que la componen y por el efecto social de la producción que realizan. Todas estas partes de la economía deberán moverse dentro de un juego de equilibrios para que al final individuo, sociedad, con sus máximos valores, se respeten y se desarrollen.
Hablar del sistema de distribución de los recursos nos lleva a la política de rentas y a la política fiscal. La primera determina como se reparten las cosas y el acceso que tenemos a éstas, aquello que cobramos y todo lo que recibimos o podemos conseguir de la sociedad. Pero evidentemente también quiere decir que, a cambio de esto, nosotros también debemos aportar mediante los impuestos. Todo esto puede llevarse a cabo de formas muy diferentes, y, por lo tanto, debe hacerse mediante el sistema más racional y justo posible, que llegue a todo el mundo (con una visión de principios universalistas), y que a su vez sea trascendente a nivel sostenible, es decir, teniendo en cuenta como aquello que se realice en el presente trascenderá en las generaciones futuras, a largo plazo.
Aunque se parta de una visión fragmentada para poder establecer las mejores economías sostenibles en cada medio concreto, nunca se debe perder la visión global. Este rompecabezas de la vida presente, la idea del conocimiento anterior que llevamos sobre nuestras espaldas, la idea universal que sirva para todo el mundo y para el conjunto de la naturaleza, todo esto debe ponerse en conjunto encima de una mesa, sin que falte nada, y todas las piezas del rompecabezas deben encajar. Una política de rentas o fiscal que no tenga en cuenta todas estas circunstancias es, automáticamente, irresponsable y peligrosa, pues se encuentra sometida a un conjunto de riscos demasiado elevado. Por lo tanto, siempre se debe partir de la visión global y establecer una serie de principios, como los de máxima libertad individual y colectiva, para obtener la máxima satisfacción para todo el mundo.
¿Cómo ve el naturismo los últimos avances genéticos y cibernéticos?
Dentro de mi visión particular, soy partidario del máximo desarrollo de la ciencia y de la técnica, de que la investigación llegue lo más legos posible, que se estudie la genética para profundizar al máximo. Pero los conocimientos que se adquieren de la genética no se deben aplicar para transformar la naturaleza, sino más bien para aportaciones adicionales que puedan contribuir, en un momento determinado, a corregir los aspectos más crueles de la naturaleza, o sea, que sirvan para mejorar la naturaleza, no para transformarla porque sí.
¿Qué relación establece el naturismo con las religiones e ideologías?
El naturismo sostiene que es imprescindible el intercambio con el conjunto de toda la naturaleza, considerando que tiene los mismos derechos que el ser humano. Es decir, debemos participar de esta naturaleza, sin convertirla en algo exclusiva al servicio del ser humano. Esto contrasta con la visión de la filosofía judeo-cristiana que, a partir de una idea bíblica, establece que Dios creó la naturaleza al servicio del ser humano, y que todo queda subordinado a él.
Por otro lado, el marxismo, como la ideología judeo-cristiana, también genera la idea que el ser humano tiene la capacidad de evolución y transformación de su entorno, hasta el punto de, por medio de la ciencia y de la técnica, cambiar y dominar la sociedad y la naturaleza.
Yo no comparto en absoluto estas ideas, pues creo que no tienen rigor ni base científica, sino más bien que nacen de principios de naturaleza religiosa, sean marxistas, cristianas, etc. Aunque estas ideologías han traído aspectos útiles para la sociedad, tampoco se debe olvidar toda esta carga negativa y nefasta.
El naturismo debe desligarse de todo esto, pues, como la palabra indica, naturismo viene de naturaleza, no como religión, pues no soy partidario de crear principios de tipo religioso, sino simplemente pensar en la naturaleza, valorarla y trabajar y vivir de acuerdo y como parte de ella. Lo mejor es evitar entrar en estos estados de naturaleza religiosa, sin decir por ello que se deba ser anti-religioso y anti-clarical. Se debe coger la postura precisamente contraria al “anti-“, y adquirir la postura “pro-“ ante todas las cosas buenas para la naturaleza y el ser humano. Las filias y las fobias religiosas y políticas limitan la capacidad de pensar racionalmente y de escoger.
¿En la sociedad actual está cayendo el peso de la religión como instaurador de valores, y se habla de cierto caos debido precisamente a la perdida de directrices, como se ve la situación desde el punto de vista naturista?
Soy contrario a desmembrar nada sin algo que lo sustituya. Participo del pensamiento crítico de las distintas tendencias religiosas que van en contra de esta pérdida de valores porque en su lugar se crea el caos, la anarquía, la destrucción. Si hay un pensamiento que sea útil para hacer funcionar al ser humano en equilibrio con la naturaleza, no importa de donde proceda, se debe aceptar como tal. Cuando un determinado valor se pone en cuestión se debe considerar como queda la sociedad sin él antes de eliminarlo. En consecuencia, si representará algo peor, es mejor conservarlo.
Todos nuestros valores son la acumulación de hechos y vivencias, pensamientos y desarrollos críticos de la historia de la humanidad en contraste siempre con su medio. Por lo tanto, si debemos pensar que hay algo “sagrado” en la vida, son, precisamente, la valoración de cada valor y su alternativa antes de ser sustituido. Pues, en demasiadas ocasiones, detrás de un pensamiento aparentemente revolucionario, se esconde algo muy conservador. Pero se debe tener siempre una mente abierta a todo lo que pueda venir, aunque teniendo en cuenta que el pensamiento radical del cambio por el cambio puede ser nefasto. A lo largo de la historia de la humanidad, las revoluciones han aportado cosas buenas pero generalmente han sido grandes desastres. Se han destruido muchos aspectos que luego han tenido que ser nuevamente implantados.
La cuestión de los nacionalismos, por ejemplo, ha sido un aspecto irracional que ha conllevado grandes desastres humanos. Respetar las culturas e identidades y la individualidad de cada pueblo es saludable, mientras que someter a los pueblos a realizar cosas que no corresponden a su naturaleza es negativo. Y, desafortunadamente, la historia de la humanidad está llena de desastres semejantes.
A nivel institucional, ideológico y partidista se disfrazan demasiadas cosas, presentando a los ciudadanos aspectos sin sentido. Combatir la interrelación entre los pueblos es irracional, anti-natural. Se debe encontrar un juego de equilibrio donde no haya imposiciones de los unos sobre los otros, y, desde un punto de vista económico, con fórmulas de acción-reacción no violenta, que permita que todo individuo encuentre el equilibrio a partir de la reacción que generan sus propias actuaciones.
¿Entonces, cual debería ser el papel del Estado y la administración en una sociedad concebida desde su punto de vista?
Buscamos un modelo de sociedad donde se liberalice al máximo la vida del individuo y del colectivo, pero que hayan un conjunto de reglas de comportamiento para que el individuo, con máxima libertad, se pueda desarrollar hasta la frontera que representa la libertad del otro. En todo caso, las normas deben ser lo menos coactivas posibles, reduciendo en parte el papel del Estado, para que sea el individuo quien reciba las consecuencias directamente de su propia actuación, y de este modo, se pueda corregir a sí mismo en el momento que sea necesario para su bien y el de la comunidad.
La intervención excesiva del Estado y la administración en la vida de los individuos limita la capacidad de pensar y discernir de éstos. Si se le obliga al individuo a desarrollar estas capacidades, la cualidad de vida del individuo y de la sociedad mejora. Por ejemplo, el excesivo número de semáforos y señales de tráfico nos convierte en máquinas que se dejan llevar por estas indicaciones, disminuyendo nuestro estado de alerta y, a la vez, creando unos gastos que se traducen en enormes impuestos y que, además, no mantienen equilibrio alguno con la naturaleza.
¿Cómo valora los problemas sociales actuales, como la drogadicción, el paro, la delincuencia, la violencia o el juego?
Todos estos aspectos de la sociedad forman parte de las enfermedades sociales, enfermedades que sufren aquellas personas que no pueden tener en cuenta el conjunto de principios anteriormente comentados y caen en este tipo de sublimación. Nuestra sociedad tiene unos códigos morales demasiado parciales en algunos aspectos y en otros demasiado desconsiderados en cuanto a aspectos de la vida y a la naturaleza, y que, por lo tanto, participan de lo que llamamos la idea de lo parcial. Y todo lo parcial, sin un contexto global, está más inclinado a posibles errores, enfermedades o malformaciones sociales. En general, son desequilibrios, de falta de conciencia de lo que es el comportamiento humano natural y lo que la naturaleza le ofrece, así como una visión distorsionada de lo que es la vida en sí.
El origen de estos problemas sociales se encuentra en gran medida en la cuestión del mal reparto de los recursos y en los códigos morales, muchos de ellos cuestionables. El alto índice de paro, por ejemplo, no se debe a la acción directa de gente mal intencionada, sino más bien a una falta de conciencia de muchas cosas, una falta de desarrollo del pensamiento económico y de sus ideas y prácticas. Mientras no se vaya más allá en estos aspectos, posiblemente tendremos paro para tiempo, y por lo tanto, miseria, delincuencia, enfermedades... Es un estado de mal funcionamiento y desorganización de la sociedad.
En cuanto a las enfermedades, a parte de la implicación bacteriana, son en gran medida resultado de la disfuncionalidad y falta de conciencia de los individuos, en cuanto a lo que es la naturaleza del ser humano y aquello que precisamos para mantener el equilibrio psicosomático.
¿Tiene una opinión formada sobre los terapeutas?
El terapeuta es toda aquella persona que cura. Por eso, todos somos terapeutas de nosotros mismos y de nuestros seres más próximos (como mínimo), aunque desgraciadamente, en nuestros días, se está renunciando a este valor, y delegamos esta responsabilidad a otros.
Todos somos terapeutas y todos somos pacientes. Y el mejor terapeuta que tiene cada persona es él mismo. A partir de aquí, donde uno mismo no llega, si llega otro mejor. Entonces tenemos que tener en cuenta la solvencia, la credibilidad de esta persona que tienen que curarnos. Por lo tanto, se deben de establecer una ciertas normas y pautas. Así, se trata de dar el margen necesario para que cada cual, en el marco de sus capacidades y limitaciones, pueda jugar su papel. Si alguien tiene cosas que aportar, las normas y las leyes tienen que ser lo más permisivas posibles para que se pueda llevar a cabo esta aportación.
Hoy en día, la polémica entre los terapeutas oficiales y no oficiales, para englobarlo de alguna forma, es una polémica muy interesada, que en el fondo lo que pretende, en general, es salvaguardar más los intereses de tipo corporativo y gremial, que no el interés social de este problema. Si no existiera este carácter tan corporativista, el problema se resolvería con una visión más permisiva y se crearían normativas para cada actuación. Por lo tanto, es un problema de normas. Pienso que hay que establecer unas fronteras, relativas en cada caso, pero sin olvidar que en el fondo, el objetivo de la medicina no es crear una gran corporación de señores “vacas sagradas”, sino servir a la salud y al bienestar de los individuos de la sociedad. Evidentemente, a nivel moral, el terapeuta debe ser lo más cuidadoso y honesto posible, lo máximo de responsable, basándose con un conocimiento de causa.
Resumiendo, se debería de establecer unos principios, no especulativos, con una visión lo más generosa posible hacia la funcionalidad que se pretende que tengan este tipo de actividades, y combatiendo al máximo los corporativismos que siempre terminan perjudicando en todos los sitios donde se instalan.
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