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(*) Los artículos ofrecidos en esta sección son el resultado de la opinión y experiencia personal de sus autores. HI tan sólo se limita a reproducirlas
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TERAPEUTA
 
Homeopatía
 

En busca de las huellas de Hahnemann©

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Después de la caída del muro de Berlín en 1989, busqué la huella de Hahnemann en la ex República Democrática Alemana. Mi sobrina Verena, que estudia en Koethen, me informó que allí tan solo había un monumento de Hahnemann delante de un edificio. Fue en el museo farmacéutico de Leipzig donde encontré una huella suya. Llegué tarde a la exposición itinerante y ya habían trasladado casi todo lo relacionado con Hahnemann, pero encontré un librito sumamente interesante con el siguiente título:

“Beethoven-Hahnemann y el veneno en el vino” de los autores Reinhard Ludewig (Prof. Eme. Dr. Med.) y Susana Seufert, editado por Sächsisches Apothekenmuseum Leipzig gGmbH.

El prefacio reza como sigue:

“El mismo Beethoven (1770-1827), sus médicos y mas tarde también sus cronistas y patógrafos, buscaron una y otra vez las causas de la enfermedad mortal del genio. A menudo ha sido maliciosamente tachado y acusado erróneamente de borracho, sifilítico y psicópata.

También su contemporáneo Samuel Hahnemann (1755-1843), que creó la Homeopatía en el mismo año en el que comenzaron los sufrimientos de Beethoven (1796), todavía hoy es un incomprendido tachado de charlatán, pese a que fue uno de los médicos y científicos mas importantes de su época.

Nunca se conocieron en vida pero les unen de una manera muy curiosa el veneno y el vino “.

La exposición estaba documentada con numerosos textos, fotografías y objetos que responsabilizaban al vino endulzado con acetato de plomo, tal como lo bebió Beethoven y a cuyo examen forense se dedicó Hahnemann.

En el año 1788, la prueba del vino de Hahnemann llamó la atención de las autoridades:

J.C.F. Scherf escribió en 1792:

“ Los merecimientos del doctor Hahnemann ya no precisan de mis alabanzas, pues ya en su día… informé sobre su procedimiento para comprobar el contenido de plomo en el vino, ya que desde entonces ha merecido los aplausos de los mas grandes artistas de la decantación y el reconocimiento por su aportación a la ciencia médica policial.”

Hahnemann encontró en la crítica de la prueba del vino de Würtemberg, a través de su examen químico, un procedimiento nuevo y fiable en el que se utilizó agua sulfhídrica acidificada mediante aire saturado de “hígado de azufre”, que también se podía utilizar para otros líquidos.

El licor de Hahnemann se podía comprar en las farmacias por 4 céntimos. Pronto fue obligatoria la prueba del vino según Hahnemann gracias al Decreto Real Prusiano del 7 de septiembre de 1791 dictado por la dirección de la policía. En 1794 Hahnemann publicó una versión simplificada de este procedimiento.

LA PERSONALIDAD DE HAHNEMANN

Una revista muy popular en aquellos tiempos, publicó en 1897 el siguiente estudio sobre Hahnemann realizado por el Instituto Grafológico de Erfurt. Los científicos habían recibido por mediación del Dr. H.-Goullon-Weimar las cartas de Hahnemann, sin que aquel divulgara el nombre del autor de dichas cartas.

El autor de las pruebas remitidas tiene por lo menos 60 años. Nos muestra un espíritu refinado y un gran carácter. El ánimo casi siempre equilibrado, no exento de mordacidad. Evita todo lo innecesario, ama la expresión concisa, es ahorrativo y sencillo. Es de naturaleza armoniosa, tranquilo y evita las extravagancias, ponderado e ingenioso, natural, bondadoso y educado. En general abierto e inteligente. Es un observador muy profundo, exacto y puntual. De juicio rápido, instintivo y correcto; vista penetrante, cuidadoso y crítico, le gusta repasar y pulir. No es ni vanidoso ni engreído, dotado del sentido de la belleza, no le gustan ni la superficialidad ni la ostentación.

Predominantemente de mente lógica, le gusta desarrollar, ejecutar y ponerse manos a la obra; es trabajador, investigador y de pasos vigorosos.

Este examen grafológico había sido confirmado por muchos contemporáneos de Hahnemann.

Ojalá Beethoven hubiese conocido a Hahnemann o por lo menos sus aportaciones a la ciencia, aunque él ya sospechaba que parte de su sufrimiento provenía del vino.

En agosto de 1815 en un cuaderno de conversación, su sobrino Kart llamó su atención sobre el “Sistema homeopático” de los Hahnemannianos, sistema que seguramente hubiera podido tener éxito con Beethoven, ya que abogaban por un régimen disciplinado, pero su hermano Juan, el farmacéutico, estaba en contra.

La prueba de la intoxicación por plomo, la aportó hace cuatro años el médico y toxicólogo, reconocido internacionalmente, Reinhard Ludwig de Leipzig. Este testimonio ha sido confirmado por la publicación de un informe, de gran revuelo internacional, realizado por un grupo de químicos americanos que consiguieron demostrar concentraciones de plomo en un mechón de pelo del famoso compositor.

¿Cómo llegó este mechón de pelo de Beethoven a manos de ellos?

Pues bien a continuación narramos la historia del famoso mechón “Guevara Lock”:

Justo después de la muerte de Beethoven, la tarde del 26 de marzo de 1827, su cuñada le cortó un bucle de pelos tal como era costumbre en aquella época, y se la dio al compositor de Graz, el Sr. Anselmo Hüttenbrenner quien había velado con ella el lecho del difunto las últimas tres horas. Después de la autopsia, otros admiradores solicitaron el mismo recuerdo. Uno de ellos fue el entonces quinceañero Ferdinand (von) Hiller (1811-1885) quién visitó, con su profesor de piano y compositor Johann Nepomuk Hummel (1762-1837), entre el 8 y el 23 de marzo cuatro veces al moribundo Beethoven

y consiguió como recuerdo de las conversaciones un mechón de pelo de color marrón, gris y blanco de 7 a 15 cm, de los últimos 12 meses de la vida del compositor. Este mechón fue heredado por su hijo Paul Hiller como regalo de cumpleaños el 1 de mayo de 1883.

Pasado el año 1943, este pelo fue entregado en Gilleleje, (Dinamarca) al médico danés Kay Alexander Fremming como compensación por el tratamiento médico de judíos que huyeron de los nazis, y mas tarde su hija los entregó para que fueran subastados. En diciembre de 1994, cuatro miembros de la Sociedad Americana de Beethoven adquirieron este mechón en una subasta de Sotheby's por un precio de 7.300 dólares. Estos señores fueron el Dr. Alfredo Guevara (urólogo y químico), el Sr. Ira Brilliant (fundador del Centro Beethoven de la Universidad estatal de San José, California), el Dr. Thomas Wendel (presidente de la Sociedad Americana de Beethoven) y la Sra. Carolina Crummey. Ellos donaron el mechón al Centro Beethoven. 422 pelos permanecieron en San José. 160 pelos permanecieron en posesión del Dr. Guevara y 20 de los cuales fueron puestos a disposición de médicos forenses.

RESUMEN DE LOS RESULTADOS DE LOS DISTINTOS ANALISIS:

Ensayo radio-inmunológico (Dr. Wender Baumgartner u.M. Los Ángeles.

No se encontraron restos derivados del opio.

Análisis de trazos de metales (Dr. Walsh u.M. Naperville)

Concentraciones de plomo de tipo medio, 40 veces por encima de lo normal, sin embargo apenas hay trazos de mercurio (por lo tanto queda prácticamente excluido un tratamiento contra el lúes).

Análisis de ADN de 3 pelos (provenientes del lote del Dr. Guevara), con restos del bulbo, también disponibles para posteriores análisis.

Concordancia del ADN confirmado, idéntico a los pelos y fragmentos del cráneo de Beethoven, donde se encontraron también altas concentraciones de plomo, siendo genéticamente idénticos.

Exposición en colaboración con el Instituto para Farmacología Clínica de la Universidad de Leipzig.

Desde el 12 de mayo hasta el 2 de septiembre de 2001 Sächsisches Apothekenmuseum Leipzig.

Fuentes de los documentos originales, publicaciones bio y patográficas e índex literario:

•  Banal, Hans/Jesserer: Las enfermedades de Ludwig van Beethoven, Viena 1987.

•  Haehl, Richard: Samuel Hahnemann, su vida y sus obras, Bde. 1 und 2, Leipzig 1022.

•  Ludewig, Reinhard/Klaiber, Roswitha: Handschrifen, Krankheit und Tod Ludwigs van Bethovens.

•  Zeitschrift für Menschenkunde, Heft. 1, Viena, 1999.

•  Ludewig, Reinhard: Akute Vergiftungen, 9. Auflage, Stuttgart 1999.

•  Martin, Russel: Beethovens Locke, München 2000.

©Rosemarie Zimmermann, Naturópata, Homeópata , 2008/Marzo

 
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